LA CASA DE LAS BELLAS DURMIENTES El viejo Eguchi concurre por primera vez a la casa de las bellas durmientes, un auténtico misterio. Su fachada no exhibe letreros, ningún cartel identificador. Allí, amparados en el disimulo y el secreto, los ancianos van a pasar la noche con muchachas jóvenes y vírgenes, dormidas bajo los efectos de un narcótico potente. Lo que Eguchi aprende pronto, en su primera visita a la posada, es que no se deben hacer preguntas. Cada interrogante que Eguchi calla es una duda que Kawabata deja resonando en la cabeza del lector.